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01 / diciembre / 2017

Road Ramos reflexiona en el Día Internacional de la Lucha contra el VIH

Mi tío tuvo el VIH, murió entre tantas otras cosas, por él. Fue una de las primeras personas en probar un tratamiento experimental hace ya casi 30 años. La enfermedad estaba remontada pero el estigma social crecía y se desarrollaba a sus anchas por todos los países del mundo. Fuí a alguna vez, a algún taller sobre concienciación…, la verdad es que hay mucho que trabajar, como en todo. El pánico por esta enfermedad (y no quiero basarme en conocimientos extraídos de libros o búsquedas en la red sino, por desgracia, en mis conocimientos empíricos) vino por su alto riesgo de contagio. Contagio que sonaba más a leyenda que es exactamente lo que ocurre cuando nadie coge al pueblo y le explica qué pasa. Así nace la ignorancia y de la ignorancia el temor. “Rocío, no te sientes en el water” en vez de decirme por qué o “no uses ese tenedor”. Aún cuando te lo explican la carga social puede más.

A día de hoy, después de 13 años, pienso en él y exactamente qué es lo que realmente lo mató. Y si bien es cierto que su perfil era el de una víctima más que cae en la heroína, con el contagio del VIH ya no había mucha razón de ser. Contagiarse de este virus socialmente es una muerte de tu identidad, de tu progreso como persona, de las oportunidades referidas en leyes éticas no escritas pero si tatuadas en nuestra alma. Es una condena y un juicio automático, es un “vivir en las calles”, es anestesiarte y olvidarse del sin sentido. Años después todo va evolucionando gracias a quienes con su VIH entendieron que nada de eso es cierto.

Ahora se ponen el lazo en el pecho durante un día, antes se lo ponían a lxs contagiadxs al cuello 24 horas. Sí han cambiado las cosas pero la carga social requiere más trabajo. Gracias a toda la gente que lucha y que se entrega aún cuando la lucha debería ir dirigida al foco de la enfermedad de una víctima. He visto sentirse más víctima al no contagiadx. Eso sí que es triste y otra incoherencia.

El VIH sigue propagándose a modo de religión que prohíbe en sociedades deprimidas el uso de anticonceptivos. Que habla de homosexualidad como principal razón de contagio. Y suma y sigue.

Pienso en él y en lo triste de su vida. Y a día de hoy me pesan muchas cosas. Deseo que no cometas los errores que cometió mi ignorancia pues cuando dejé de ser niña me convertí en otra juez opresora y maltratadora. Y ya no jugaba con él. Como si estar libre de VIH subiera tu valor en esta vida, así somos, una mezcla de deseo de querer sentirnos mejores respecto a nuestrxs iguales.
Otra incoherencia más.
Gracias a lxs valietnes.
Gracias.

– Road Ramos